Instalar autoconsumo en una vivienda implica una serie de trámites administrativos que, en la práctica, suele gestionar la propia empresa instaladora. Aun así, conviene saber en qué consisten para poder comprobar que todo se ha hecho correctamente.

El primer paso es el proyecto o la memoria técnica de diseño, según la potencia de la instalación. Este documento lo firma un técnico competente y es la base sobre la que se apoyan el resto de gestiones posteriores.

A continuación viene la comunicación al ayuntamiento. En la mayoría de municipios basta con una declaración responsable en lugar de una licencia de obra completa, aunque esto depende de la ordenanza local y del tipo de cubierta sobre la que se instale.

Una vez ejecutada la instalación se tramita el certificado de instalación eléctrica ante el organismo competente de tu comunidad autónoma, y con él se solicita el alta del contrato de autoconsumo ante la distribuidora y la comercializadora.

Si tu instalación es con excedentes, tendrás que firmar además el acuerdo de compensación con tu comercializadora. Sin ese paso la energía que viertas a la red no se te descontará en factura, aunque la instalación funcione perfectamente.

Los plazos varían bastante según la comunidad autónoma y la carga de trabajo de la distribuidora. Guarda copia de toda la documentación: te será útil tanto para solicitar ayudas como si algún día vendes la vivienda.