El autoconsumo fotovoltaico consiste en generar tu propia electricidad a partir de paneles solares instalados en tu vivienda, reduciendo así la energía que necesitas comprar a la comercializadora. Es un concepto sencillo, aunque alrededor de él se ha acumulado bastante argot técnico innecesario.
El funcionamiento básico tiene tres pasos. Los paneles captan la radiación solar y generan corriente continua; el inversor la transforma en corriente alterna apta para la vivienda; y esa energía se consume directamente en tus electrodomésticos antes de recurrir a la red eléctrica.
Cuando produces más de lo que consumes, el excedente se vierte a la red y tu comercializadora te lo compensa en la factura. Cuando produces menos, la red cubre la diferencia con total normalidad. La instalación no te desconecta del sistema eléctrico: convive con él.
Existen dos grandes modalidades. El autoconsumo sin excedentes incorpora un sistema que impide verter energía a la red, mientras que el autoconsumo con excedentes sí permite ese vertido y su compensación. La segunda es hoy la opción más habitual en vivienda residencial.
También puede ser individual, cuando la instalación abastece a un único suministro, o colectivo, cuando varios vecinos comparten una misma instalación y reparten la energía generada según unos coeficientes acordados previamente.
Entender estas ideas básicas es suficiente para leer un presupuesto con criterio y hacer las preguntas correctas. El resto de detalles técnicos, aunque relevantes para el instalador, no deberían condicionar tu decisión inicial.