El inversor es el componente que convierte la corriente continua que generan los paneles en la corriente alterna que usan los electrodomésticos de tu casa. Elegirlo bien condiciona el rendimiento real de toda la instalación, así que merece la pena entender qué se está comparando antes de decidir.
Lo primero es la potencia. Como regla general, la potencia del inversor se dimensiona en relación con la potencia pico del campo solar, y suele quedar ligeramente por debajo porque los paneles rara vez trabajan a su máximo teórico. Un inversor sobredimensionado encarece la instalación sin aportar generación adicional.
El segundo factor es si tu suministro es monofásico o trifásico. La mayoría de viviendas unifamiliares en España son monofásicas, pero si tienes contratada potencia trifásica necesitarás un inversor compatible, o el reparto de la energía entre fases no será el correcto.
Si planeas instalar baterías, ahora o más adelante, conviene valorar un inversor híbrido desde el principio. Añadir almacenamiento después a un inversor que no lo contempla obliga a incorporar equipos adicionales y encarece la ampliación.
Por último, fíjate en la monitorización y en la garantía. Un buen sistema de seguimiento te permite detectar caídas de producción a tiempo, y las garantías del inversor suelen ser bastante más cortas que las de los paneles, por lo que es un elemento que probablemente sustituyas antes que el resto de la instalación.
No existe un inversor mejor en abstracto: existe el que encaja con tu consumo, tu tejado y tus planes a medio plazo. Con estos cuatro criterios claros podrás comparar presupuestos con criterio propio en lugar de guiarte solo por el precio.