El autoconsumo colectivo permite que varios vecinos de un mismo edificio compartan una instalación situada en la cubierta común. Sobre el papel es una de las opciones más rentables, aunque requiere acuerdo previo y algo de organización.
El primer paso es la junta de propietarios. La instalación de sistemas de aprovechamiento de energías renovables en elementos comunes tiene un régimen de mayorías más favorable que otras obras, precisamente para facilitar este tipo de proyectos.
Una vez aprobada, se define el reparto mediante unos coeficientes que determinan qué porcentaje de la energía generada corresponde a cada vivienda participante. Estos coeficientes se comunican a la distribuidora y pueden modificarse posteriormente si cambian los participantes.
La inversión suele repartirse según esos mismos coeficientes, de modo que quien más energía recibe asume una parte proporcional del coste. Es importante dejarlo todo por escrito antes de contratar la obra para evitar discusiones más adelante.
Un punto que genera dudas es qué ocurre si un vecino no quiere participar. La respuesta es sencilla: simplemente no entra en el reparto y su suministro sigue funcionando con normalidad, sin que ello impida al resto seguir adelante con el proyecto.
En edificios con suficiente superficie de cubierta y varios vecinos interesados, el coste por vivienda baja de forma considerable respecto a una instalación individual, lo que suele acortar los plazos de amortización de manera apreciable.